Mayra se escribe con Antonio Orlando Rodríguez. Sí, el autor de Chiquita y Premio Alfaguara de Novela. En realidad, Antonio nos escribe a los dos pero Mayra es la que se encarga de ese correo. Cada tanto me cuenta lo que se escribieron y contestaron y me pongo contento. Sobre todo, porque Antonio es un gran tipo que hasta fotos nos ha mandado.
Hace un par de semanas vino una andanada de mails de ésas en las que hay muchas respuestas rápidas y preguntas cortas. Al margen de lo que “platicamos” con él, nos preguntó si ya estábamos listos para recibir a todos los autores franceses que vendrán a la próxima FIL. Primero fue mi desconcierto, el país (sic) invitado es Los Ángeles aunque eso no importa a la hora de traer autores de todo el mundo. Asumí que así sería e inició mi drama.
Primero me puse a pensar en los autores franceses que he leído. Suficientes, me contesté al hacer un repaso histórico. De inmediato tuve que acortar la lista al darme cuenta de que, para los fines que perseguía sólo eran válidos los contemporáneos. Entonces me puse un poco triste: en realidad, conozco y tengo leídos a muy pocos: Houellebecq, Le Clézio, Barbery, Rhimi, Quignard, Litell, Echenoz, Carrére y algún otro que olvido. Más triste me puse cuando descubrí que, de la mayor parte de ellos, apenas he leído uno o dos libros. Mi tristeza general se acrecentó cuando, buscando en Internet, supe que había una buena docena de autores franceses contemporáneos ampliamente reconocidos de los que no tenía ni idea.
Pero mi tristeza sólo fue transitoria. Ante los nuevos nombres que se me presentaban y la oportunidad de sus lecturas me di a la tarea de conseguir sus libros. Sobre todo porque me gusta descubrir autores nuevos y leer lo que pasa por otras latitudes. Una de las tantas manías que tengo como lector consiste en seguir pistas. Cuando un autor, tema, nacionalidad o editorial (en verdad) me interesa, me pongo a perseguir con el fin de leer todo lo que pueda al respecto. Entonces mi entusiasmo se justificaba.
También fue transitorio. De la lista de candidatos a ser leídos que me fabriqué, muy pocos se podían conseguir en México. No porque no hubieran sido publicados en español, hay editoriales que lo han hecho del otro lado del Atlántico, sino porque esas mismas editoriales no consideraron a nuestro país como un lugar donde valiera la pena poner sus títulos al alcance de nuestras manos. En parte los entiendo: quizá no sea costeable la inversión pese a lo que han demostrado algunos de estos autores. Mi estado de ánimo se agravó cuando intenté conseguir nuevos títulos de los escritores que ya conocía. Salvo un par (y uno de ellos porque acaba de ser Nobel), tampoco conseguí mayor cosa.
Estoy pensando en alternativas, planes de acción o formas de acceder a ellos sin desembolsar cantidades considerables de euros a razón de gastos de envío. Si a alguien se le ocurre alguna, soy todo oídos. Mientras tanto, me daré a la tarea de leer (con cierto aire de derrota) lo que me aguarda en el buró.